.Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya.

(Ray Bradbury)
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lunes, 18 de agosto de 2014

Hastío

Imaginatio

He encendido el flexo para obtener una oscuridad amarilla que hiciera juego con el rojo vibrante y bañado en sangre del cigarro de mis labios. Una docena de cervezas importadas me miran silenciosas; la ginebra, en cambio, parece llamarme a voces. La respiración, en cambio, parece ansiosa por irse. He tolerado las intransigencias de lxs esquinadxs. He aguantado sus voces desatinadas desde las alboradas hasta las noches más malcaradas. He llevado taciturna el peso del mutismo acólito. He leído verdades clandestinas y he reído como quien sabe que nada tiene gracia. Agosto se eleva con más pena y menos gloria. Una luna de sangre se atrevía a retarme, como si por alguna milésima de mirada yo pudiera haberme propuesto lidiar con la soberana roja. He apagado las luces y he cenado, desayunado y merendado un techo desconchado. He relamido las palabras, las he vomitado y las he vuelto a catar. Me las quedaría dentro toda mi vida; si este callado tumulto no estuviera colmándome. He llorado y he apagado cigarros en la palma de mis manos. Mi blusa negra… la he roto. Como mi sonrisa. Los dedos se me caen… sin prisa. Me he cortado la lengua; todxs piensan que fue culpa del gato. El gato sabe que la culpa es de todxs ellxs. He llorado. O no. Quizá lo haya olvidado. He creído. He tenido fe en algo; y lo he creado. He creado una casa de palabras; la cerradura es un salvoconducto. La alegría es tu lectura. He creado una casa de palabras; sus habitaciones marcan las palabras que marcan los ánimos que marcan mis ojos marcados por la innegable vida. El hastío es mi mirada. He creado una casa de palabras; la casa de Eleuteria Niemand Jerusalem. Desgana es tu presencia. He construido un lugar que no existe. En mi cabeza. En mi cabeza he hecho muchas cosas.

He hecho muchas cosas. Mientras tú dormías.

domingo, 22 de junio de 2014

El cementerio de los estremecimientos

Los sentimientos por fin se encontraron, el problema es que lo habían hecho en el mismo dictamen; porque no, esas cosas no viven en nuestras vísceras. Los sentimientos por fin se encontraron, el problema es que lo habían hecho años después de que debieran hacerlo; porque sí, esas cosas carecen de retórica y eufemismos varios. Los sentimientos por fin se encontraron, el problema es que lo habían hecho en la imaginación equivocada en un momento errante de aburrimiento.

Cuando se encontraron, ésto sonaba de fondo en el cementerio de los estremecimientos.
Y de nada servía ya que lo hubieran hecho; ahora, frente a la reciprocidad muerta.

Erik Johansson

En el cementerio de los estremecimientos descansaban, por fin tranquilos, libros con las páginas pasadas. En el cementerio de los estremecimientos se deshacían páginas en blanco, aún por escribir, o escritas por unx humanx solitarix. En el cementerio de los estremecimientos reposaban las emociones ignoradas, hemofílicas, mefíticas. Y de nada sirve la conmoción aséptica. Nada sirve en la necrópolis emocional.

«El pasado siempre vuelve», dicen. También dicen que «cualquier tiempo pasado siempre fue mejor». Mejor pudo serlo, y, probablemente, si quien dijo eso hubiera administrado bien su tiempo, tendría un presente conspicuo. Pero a nadie le interesa eso. Otro refrán al caso: «Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió».

Quizá llegues tarde. Lo que soterraste ya está exánime.